
Yasar Kemal
En 1959 se trasladó a Estambul, donde comenzó a escribir artículos en el diario La República, que pronto llamaron la atención. En 1952 publicó su primer libro de cuentos y en 1955 apareció El halcón (Memed el Flaco), primera novela de una saga que le ha hecho famoso, traducida a decenas de lenguas, que convirtió a su protagonista en un héroe popular: un bandolero justiciero que defiende a los débiles frente al poder burocrático y feudal, tan real en la conciencia popular turca como cualquiera de los mitos clásicos.
Años más tarde le siguieron otras entregas tales como El retorno del halcón (1968) y El imperio de los cuarenta ojos. En ésta, el autor edifica una obra tanto épica como lírica, arraigada en las tradiciones turcas pero al mismo tiempo renovadora en lo narrativo (aprovechando modos y estilos de la literatura mundial) y lo lingüístico. En este sentido, incorpora por primera vez a la lengua literaria turca infinidad de voces y expresiones de uso popular, a tal punto que para la plena comprensión de sus obras fue preciso que se publicara un Diccionario de Kemal, aclarando tales aportaciones.
Por otro lado, en un período convulso, caracterizado por la indefensión y la falta de derechos para el pueblo turco, este escritor se ha erigido en intérprete y valedor de las aspiraciones de millones de campesinos y trabajadores, en particular, de la castigada población kurda. Así, un año antes de que en 1997 se le concediera el Premio Internacional por la Paz que otorgan los libreros alemanes, fue condenado en ausencia como "traidor" por los tribunales turcos, a causa de lo cual se vio obligado a abandonar Estambul e instalarse en Suecia.
Su obra, más de cuarenta volúmenes, es enorme y comprende sagas como Los agaes de Akçasaz, novelas como El mar enfadado, También los pájaros se han ido, Salih el maravillado y otros textos que, en conjunto, ofrecen un panorama minucioso y apasionado de la realidad de los pueblos de Turquía, en íntima vinculación con el medio natural (sobre todo los montes del Tauro, en el extremo suroriental de Anatolia, donde discurrió su infancia), que en sus narraciones se constituye en protagonista, inmenso y variado, terrible a veces y amable otras, siempre de una apabullante hermosura.